Se recostó junto al borde de la piscina con los ojos cerrados. El calor del cemento subía por sus muslos mientras el agua reflejaba destellos suaves sobre su vientre. Una de sus manos descansaba firme detrás del cuerpo; la otra buscaba su cabeza, estirando el brazo como quien se permite respirar sin culpa.
No estaba posando.
Estaba sintiendo.
Y su cuerpo lo sabía.

✨ La mujer que aprendió a volver a su centro
Durante mucho tiempo fue la que se exigía demasiado.
La que cargaba responsabilidades ajenas.
La que postergaba sus propias ganas.
Había aprendido a ser fuerte, pero no siempre a ser suave.
Hasta que un día decidió escucharse.
Decidió regalarse pausas.
Decidió volver a habitar su piel.
🌙 El recuerdo que le aflojó los hombros
Mientras el sol recorría su pecho y su abdomen, pensó en aquella conversación reciente.
No fue directa.
No fue explícita.
Fue una mezcla de silencios largos y miradas que decían demasiado.
Desde entonces, algo se había despertado en ella.
Una vibración lenta.
Una presión dulce en el vientre.
Una sensación de estar viva que ya no quería ignorar.
💫 Cuando su cuerpo empezó a hablar primero
Sus caderas se acomodaron solas.
Su espalda se arqueó apenas.
Su respiración se volvió más profunda.
No estaba pensando en alguien en particular.
Estaba conectándose consigo misma.
Con su deseo.
Con su energía.
Con esa parte suya que no pedía permiso.
🔥 Su sensualidad dejando de ser discreta
Había aprendido que no necesitaba moverse demasiado para sentirse magnética.
Que bastaba con quedarse quieta.
Con permitir que el calor subiera.
Con aceptar esa corriente lenta recorriéndole la piel.
Sus labios se entreabrieron apenas.
Su cuello se alargó.
Su presencia se volvió más densa.
No estaba provocando.
Se estaba reclamando.
🌹 La mujer que dejó de ser amable con su propio deseo
Recordó quién había sido.
Y abrazó quién estaba siendo ahora.
Una mujer capaz de ser suave y firme al mismo tiempo.
Que podía sentirse poderosa sin levantar la voz.
Que podía encenderse sin tocar.
Había calma en su rostro…
pero también hambre.
Un hambre lenta.
Consciente.
Profundamente suya.
💭 Un final donde su piel tomó la decisión
Abrió los ojos lentamente.
El agua seguía moviéndose frente a ella.
El aire estaba tibio.
No sabía qué vendría después.
No sabía si daría ese paso pendiente.
Pero sí sabía algo:
su cuerpo ya había despertado.
Y no estaba dispuesta a volver a apagarse.
💬 A veces, el verdadero erotismo nace cuando dejas de resistirte… y empiezas a escucharte.
¿Alguna vez sentiste ese instante exacto en que tu piel te pidió atención… y decidiste obedecerle?

