No estaba segura de por qué había elegido ese vestido. Blanco, ajustado, con la espalda casi descubierta y una caída suave que brillaba apenas con la luz del pasillo. Tal vez era una forma inconsciente de decirse algo a sí misma. Tal vez solo quería sentirse diferente.
Había tenido un día largo. Reuniones, silencios incómodos, decisiones pequeñas que pesaban más de lo que parecían. Pero ahora estaba allí, frente al espejo, con una mano levantando su cabello y la otra descansando cerca de su muslo, observándose sin prisa.

✨ El reflejo que no miente
Se miró desde atrás primero.
La curva de su espalda. La forma en que el vestido abrazaba sus caderas. La piel tibia bajo la tela. Luego levantó la vista y encontró sus propios ojos en el espejo.
No sonrió.
Respiró.
Había aprendido que mirarse también es una forma de enfrentarse.
Su reflejo le devolvía una mujer adulta, segura por fuera, cansada por dentro… pero viva. Muy viva.
Ajustó un poco la tela del vestido, sintiendo cómo las lentejuelas suaves rozaban su piel. Ese pequeño contacto le recorrió el cuerpo como un recordatorio: todavía estaba ahí.
🌙 El recuerdo que despertó su piel
Mientras acomodaba el cabello, pensó en él.
No en alguien específico.
En la idea.
En aquella conversación semanas atrás, en ese bar pequeño donde alguien le dijo que había algo en su forma de moverse que era imposible de ignorar.
No pasó nada esa noche.
Pero la frase se quedó.
Ahora, frente al espejo, entendía por qué.
Había una sensualidad tranquila en su postura. En cómo levantaba el brazo. En cómo dejaba caer el peso sobre una pierna. No era una pose ensayada. Era su cuerpo hablando desde la costumbre de habitarse.
💫 Una decisión silenciosa
Se dio la vuelta lentamente, mirándose de frente.
El vestido marcaba su figura con elegancia. Su cuello quedaba expuesto. Sus hombros relajados. Su respiración profunda.
Se acercó un poco más al espejo.
Apoyó la palma en el marco y dejó que su reflejo se aproximara al suyo.
Era extraño sentirse deseable sin que nadie más estuviera allí.
Pero también era poderoso.
Por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en agradar. Estaba pensando en sentirse.
Y eso lo cambiaba todo.
🔥 El cuerpo como memoria
Sus dedos bajaron lentamente por su costado, siguiendo la línea del vestido hasta llegar al muslo. No era un gesto sexual. Era un gesto consciente.
Recordó otras noches.
Otras versiones de ella misma.
Momentos en que se había escondido.
Momentos en que se había entregado demasiado.
Ahora estaba en un punto distinto.
Más calma.
Más control.
Más conexión.
Su tatuaje asomaba suavemente bajo la luz cálida del pasillo, como una marca de todas las decisiones que la habían traído hasta aquí.
🌹 La mujer que estaba aprendiendo a elegirse
Se apartó del espejo y caminó unos pasos.
El vestido se movió con ella.
La planta verde junto a la pared parecía observarla en silencio, testigo de esa intimidad sin testigos humanos.
Se sentó un momento, respiró profundo y cerró los ojos.
No necesitaba a nadie esa noche.
Se tenía a sí misma.
Y eso era suficiente.
Había descubierto que su sensualidad no dependía de miradas externas, sino de cómo se sentía al habitar su propio cuerpo.
💭 Un final que era también un comienzo
Volvió al espejo por última vez.
Esta vez sí sonrió.
No por vanidad.
Sino por reconocimiento.
Se recogió el cabello, dejó que el vestido cayera en su lugar y tomó sus llaves.
Tal vez saldría.
Tal vez no.
Pero algo había cambiado.
Había aprendido que algunas noches no están hechas para encuentros externos, sino para reencontrarse con una misma.
💬 A veces, el deseo más importante es el de volver a mirarte con amor.
¿Alguna vez te detuviste frente al espejo y sentiste que estabas empezando una nueva versión de ti?

